Hemos revisado las 98 posiciones que ha tenido Marango Equity Fund desde su origen.

No por nostalgia. Para aprender.

Queríamos entender qué patrones se repiten: dónde hemos creado valor, dónde nos hemos equivocado y qué enseñanzas debemos incorporar al proceso de inversión.

El dato más útil

Aproximadamente dos tercios de las posiciones analizadas han generado un resultado positivo. Es un buen dato, pero no es el más importante.

El dato realmente relevante es la asimetría.

Por cada euro perdido en posiciones que no funcionaron, el Fondo ha generado 3,9 euros en posiciones que sí lo hicieron.

En inversión, no se trata solo de cuántas veces aciertas. Se trata, sobre todo, de cuánto ganas cuando aciertas y cuánto pierdes cuando te equivocas.

Esa asimetría no es un accidente. Es construcción.

Regar las flores, cortar las malas hierbas

Hay un patrón claro.

Las compañías que más capital han aportado al Fondo desde su origen —Alphabet, Microsoft, TSMC, NVIDIA, ASML, Visa, Mastercard o Amazon— siguen todas en cartera.

Las que más han restado —PayPal, Disney, Estée Lauder, e.l.f. Beauty, Nike o Kone— ya no están.

No es casualidad. Es la consecuencia de una disciplina sencilla: dejar que las mejores tesis compongan durante mucho tiempo y cerrar aquellas cuya tesis ha dejado de cumplirse.

La concentración del capital en los mejores negocios no ocurre por suerte. Ocurre por construcción.

El patrón sectorial

Cuando agregamos las posiciones por tipo de negocio, el patrón se repite.

Hemos creado más valor invirtiendo en compañías con fosos reales y estructurales: infraestructura tecnológica, semiconductores, pagos y datos financieros.

No todas pertenecen al mismo sector. Pero comparten rasgos muy parecidos: escala, recurrencia, poder de fijación de precios y elevada dificultad de sustitución.

Son compañías integradas en funciones críticas de la economía.

La infraestructura tecnológica soporta buena parte de la economía digital. Los semiconductores concentran algunos de los cuellos de botella más importantes del mundo moderno. Las redes de pagos están presentes en millones de transacciones diarias. Las compañías de datos financieros y ratings ayudan a que el capital se asigne y circule por el sistema.

Lo relevante no es la etiqueta sectorial.

Es la naturaleza económica del negocio.

El patrón de los errores

Los errores también enseñan.

Las pérdidas más relevantes se concentraron en tres tipos de situaciones.

Primero, compañías de consumo donde el poder de marca era más débil de lo que parecía. Eran negocios conocidos, con narrativas atractivas y crecimiento aparente, pero el poder de fijación de precios no era tan sólido como asumíamos.

Segundo, negocios financieros o tecnológicos sin un foso suficientemente duradero. Líderes aparentes cuyo terreno competitivo se erosionó más rápido de lo previsto.

Tercero, posiciones perdedoras que debimos revisar con mayor rapidez. A veces el error más caro no es la decisión inicial, sino el tiempo que pasa entre que la tesis se deteriora y el momento en que decides actuar.

La lección

No basta con que una empresa parezca de calidad.

Una marca conocida no es necesariamente un foso. Una narrativa convincente no es un foso. Un crecimiento elevado no es un foso.

Un foso es aquello que impide que un competidor te quite el cliente, el precio o el margen durante muchos años.

Por eso el análisis no termina en identificar buenos negocios. Termina en entender si su ventaja competitiva es real, defendible y duradera.

Estos datos no cambian nuestra filosofía.

La refinan.


Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Este contenido tiene carácter meramente informativo y no constituye una recomendación de inversión.